Hace tres décadas, Celtas Cortos vivieron uno de los episodios más surrealistas de su carrera durante un concierto en las Fiestas del Pilar, en Zaragoza. Lo que prometía ser una noche festiva terminó convirtiéndose en una anécdota que aún hoy muchos seguidores recuerdan con sorpresa… y una sonrisa.
Aquel día, la banda se preparaba para salir al escenario en un recinto abarrotado. Mientras el equipo ultimaba los últimos detalles del sonido, alguien aprovechó el bullicio para colarse entre cajas, cables y flightcases. El objetivo no era menor: robar parte del instrumental y varios equipos de la banda, incluido material clave para el concierto.
El caos fue inmediato. Técnicos y músicos empezaron a revisar el backline como locos mientras el público esperaba sin saber qué ocurría. Aun así, fieles a su espíritu, Celtas Cortos improvisaron, reorganizaron lo que quedaba y salieron a tocar. El concierto siguió adelante, quizá no con el sonido perfecto, pero con la misma energía combativa que siempre les ha caracterizado.
Días después, parte del equipo apareció en distintos puntos de Zaragoza, abandonado o vendido de segunda mano. Nunca se llegó a saber exactamente quién estuvo detrás, pero el episodio quedó grabado en la memoria colectiva del grupo.
Hoy, visto con distancia, el robo forma parte de esas historias que explican por qué Celtas Cortos son como son: una banda resiliente, capaz de sobreponerse a cualquier imprevisto y convertir incluso los momentos amargos en anécdotas que alimentan su leyenda.


