El Periódico de España, de la mano de Pedro del Corral, se hace eco del concierto de ayer 7 de febrero en el Movistar Arena de Madrid.
Os dejamos un vídeo y el artículo:
La España que vio nacer a Celtas Cortos no es la España que los escucha hoy. Ha cambiado tanto en 40 años que, ojo, escalofrío mediante, su cancionero es nuestra historia social, política y cultural cantada. Hay tantas personas habitándolo que resulta complicado no emocionarse. Están los amigos que fueron y ya no. Los padres que regresan a diario en fotografías. Un tiempo de efervescencia que, entonces, vaya, se vivía como si no fuera acabar nunca. Y terminó. No es que el de hoy sea peor. Para nada. Sin embargo, hay algo en ese pasado que tanto hemos maquillado que nos pone tiernitos. Anoche, mientras Jesús, Alberto y Goyo desmenuzaban su repertorio, cierta nostalgia se apoderó del Movistar Arena: un recuerdo que, aunque lejano, ay, te hace sentir vivo.
El aplomo con el que el grupo pisó Madrid fue determinante: si bien ya no son los chavales que lideraron las listas en los 90, cierto nervio sigue latente en ellos. Canallas y peleones, arrancaron la velada con un ¿Qué voy a hacer yo? en estado de gracia. Sonó renovado, pero sin perder la rabia que les catapultó. No bajaron el ritmo ni un segundo. Lo que demostró la buena forma en la que Jesús y los suyos se encuentran. Músculo han hecho. “Qué podemos decir. Se nos ha caído una teja en la cabeza, pero preferimos mirar hacia adelante. Hoy es un día enormemente importante”, dijo estremecido. Este es el primer concierto de su gira aniversario y, claro, entre tanta expectación, apenas pudieron contener la emoción. Un júbilo al calor de sus canciones que se extendió a la masa en cuestión de segundos.
No escatimaron en éxitos: Retales de una vida, Haz turismo, El ritmo del mar, La senda del tiempo, El emigrante… Uno detrás de otro, frenéticos. Como si los años no hubieran pasado por ellos. Sonaron incandescentes, alegremente actuales. En parte, gracias a una banda de siete músicos que volvió a sacarles lustre: Diego Martín (batería), Chuchi Marcos (bajo eléctrico), José Luis Sendino (guitarra eléctrica), Antón Dávila (gaita y flauta travesera), Álvaro Zarzuela (trombón y trompeta), Jesús Bravo (teclados) y Carlos Soto (saxofón). Están engrasadísimos. Acumulan 2.100 bolos a sus espaldas, donde han reunido a 10 millones de personas. Suyos son 13 álbumes de estudio y seis recopilatorios. En Francia y Alemania son un hito. Sin duda, la veteranía es un grado.

Su público ha crecido con ellos. Es cierto que algún que otro adolescente se dejó caer por Goya, pero la mayoría era de su quinta. De hecho, pocos móviles se vieron al alza. Ni en pista ni en grada. Cuando la prioridad es saltar, las pantallas sobran. Y, aquí, azuzados por Jesús, se hizo. Y mucho. El artista no paró quieto en toda la noche. “Estamos viviendo momentos jodidos. No sé si estamos al borde del abismo, pero el planeta está loco. Espero que cambie. Necesitamos un lugar amable para los seres humanos”, soltó al adentrarse en El mundo del revés. Se intuyeron las ganas con las que han retomado los escenarios. Con el gallinero de pie, al unísono, Celtas Cortos confirmaron estar más vivos que nunca. No les hicieron falta grandes alardes técnicos para alcanzar la gloria. Un clásico eternamente joven.


